Posted on 02 Febrero, 2009 | No Comments
Andrea Lofrano
Desde mediados de 2002 y por iniciativa del fallecido Herman de Kesel, Ana Guinand y el padre Luis Ugalde s.j., iniciaron un proyecto piloto en la Ucab que con el pasar de los años ha ido creciendo a pasos agigantados. Hoy en día es uno de los cuatro centros de formación Superatec que se encuentra en funcionamiento. En un futuro aspira a crecer en el país y, mientras esto se cumple, la asociación sin fines de lucro trabaja día a día con la misión de promover cambios en la vida de jóvenes de escasos recursos económicos y en su entorno mediante la formación humana, tecnológica y laboral.
El Parque Social Padre Manuel Aguirre s.j. es la sede del primer centro de formación. Luego de su proceso de capacitación, el centro cuenta con tres espacios con dieciséis computadoras cada uno, dos áreas administrativas y un aula destinada a la formación humana. La organización atiende a jóvenes de entre 16 y 23 años que viven en las comunidades de Antímano, La Vega, Carapita, Mamera, Caricuao, La Morán, entre otras. Además de brindarle un apoyo educativo tres días a la semana por tres meses, se les brinda servicio de apoyo médico, psicológico, legal y de capacitación.
Williams Ramírez, jefe del centro de Superatec Ucab, comenta que la experiencia en estos casi seis años de trabajo ha sido muy gratificante y que ha dado sus frutos en el tiempo ya que no sólo se le da a los jóvenes la oportunidad de participar en un programa de formación integral, sino que adicionalmente se le brinda la opción de ingresar en el mercado laboral por medio de una bolsa de empleo: “Es esto lo que marca la diferencia. No sólo lo adquieres, sino que también aplicas el conocimiento”, afirma. El centro considera que en la medida en que estos jóvenes vayan mejorando su calidad de vida por medio del estudio y el trabajo, también sentirán que están cambiando su realidad: “Los ayudamos a seguir adelante y a tener mejores condiciones de vida”, comenta Ramírez.
Proceso de ingreso
El primer requisito fundamental de ingreso es tener la voluntad de querer aprender. El centro realiza una labor de información y promoción de su programa a través de las distintas comunidades: “Luego de la promoción, recibimos a los muchachos en el Centro y damos toda la información relacionada con el programa”, explica Ramírez. Luego de realizar un depósito bancario (Bs.170, con facilidades de pago), se debe llenar una planilla de inscripción y presentar el test de Wartegg, una prueba psicológica que permite conocer más a la persona.
Sin embargo, el costo de la inscripción no cubre todos los gastos del día a día. Es por ello que la organización recibe en gran medida el apoyo de la Ucab, a través de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti) y de empresas patrocinantes que colaboran para que estos jóvenes puedan disfrutar de los beneficios del programa. Por otra parte, Superatec cuenta con una gerencia de autogestión que ofrece paquetes a diferentes organizaciones y grupos independientes (curso de introducción a la informática, taller de Banca y Finanzas, diseño de páginas web), para obtener recursos adicionales y solucionar las dificultades a cambio de sus servicios.
Facilitadores del conocimiento
Superatec cuenta con el apoyo a tiempo completo de profesionales en el área de informática, educación, psicología, relaciones industriales, sociología, entre otros, y también está presente el grupo de voluntarios conformado por estudiantes de la Ucab. Ramírez explica que Superatec también brinda la oportunidad a los estudiantes de participar en el servicio comunitario y su centro se mantiene a la espera de ese tipo de manifestación, ya que “los jóvenes se entienden mejor con los jóvenes”, afirma.
Una relación ganar-ganar
Este tipo de experiencia resulta muy significativa para quienes brindan su apoyo comunitario a organizaciones de este nivel. Los jóvenes involucrados se aproximan a una realidad y a una manera diferente de ver la vida que debe ser entendida, compartida y solucionada de alguna manera, lo que le da un matiz diferente a la formación de los seres humanos. Un pequeño esfuerzo puede lograr grandes cambios y, según Ramírez, “a medida que pasan los años y se observan los resultados, puede decirse que el programa sí ha calado en ellos y ha traído consigo grandes cambios positivos”.
Anahís Ceballos, egresada de Superatec, afirma que lo que más le gustó del programa fue compartir con personas que no conocía y aprender cosas nuevas como el diseño de páginas web. Vino con su prima a inscribirse y actualmente, con 18 años, está esperando el momento de ingresar en el campo laboral. Quiere seguir estudiando, no importa en qué universidad, “sólo quiero estudiar”, afirma risueña.