Posted on 02 Febrero, 2009 | No Comments
Cerca del mediodía, hora de Israel, del 27 de diciembre de 2008, aviones y helicópteros israelíes bombardean diversos objetivos de Hamás en Gaza. Era el inicio de la operación “Plomo Fundido”, como fue llamada por Israel la respuesta militar de ese país a los ataques efectuados con cohetes caseros Kassam lanzados desde Gaza por fuerzas de Hamás contra objetivos israelíes en el sur de Israel.
El objetivo fundamental de esta operación, según el ex primer ministro y ahora ministro de Defensa, Ehud Barack, era acabar con la capacidad operativa de Hamás así como con la propia organización, y eliminar el lanzamiento de los cohetes.
Después de 20 días de ataques, y de 1.300 muertos -entre ellos 250 niños, 5.500 heridos palestinos y trece muertos, tres de ellos civiles, y 230 heridos israelíes, según cifras oficiales de ese país-, pareciera que el objetivo israelí de debilitar a Hamás no se ha logrado de manera contundente y que sólo ha dejado a Israel con un alto rechazo entre la comunidad internacional.
Un problema humanitario
Las críticas a la operación, considerada la más sangrienta desde 1967, comenzaron desde el propio inicio de la acción militar, que en su primer día había dejado 200 víctimas mortales.
La preocupación más importante era que los ataques sólo agravaban la ya precaria situación de la población civil que sufría el bloqueo impuesto a Gaza por Israel desde septiembre de 2007 como medida de presión contra Hamás, y que había dejado a la región palestina quebrada económicamente, así como con una fuerte escasez de alimentos y servicios como agua y electricidad.
En la medida en que prosiguieron los ataques se agravó la situación humanitaria, sobre todo porque las acciones militares impidieron a la población civil hacerse de agua y alimentos, así como también imposibilitaron la labor humanitaria de organismos especializados como Cruz Roja y Naciones Unidas para la atención de las víctimas.
Otra crítica importante era el tema de la proporcionalidad del ataque. En efecto, si bien el derecho a la legítima defensa está expresamente consagrado en el Derecho Internacional y recogido en la Carta de Naciones Unidas, éste tiene sus límites, sobre todo en lo que se refiere al número de víctimas que puede dejar dicha respuesta.
Avivar el radicalismo
Harry Blackmouth (Tal Cual, 2009, enero 12) recordaba a un columnista del periódico israelí Haaretz que señalaba que recientemente Ehud Barack había confesado lo siguiente: “si yo fuera un palestino, me uniría a una organización terrorista” (p. 10). La reflexión de Barack es harta conveniente porque refleja que la precaria situación de los palestinos sólo los lleva a engrosar las filas del fundamentalismo.
De allí que este ataque sólo sirva para hacerle ganar adeptos a la causa de Hamás, que se alimenta de la desesperación de las 50.000 personas que se quedaron sin hogar, así como de las 400.000 que no tienen acceso al agua. Esta es una lección que debió ser aprendida luego de la incursión al Líbano en agosto de 2006, que sólo sirvió para fortalecer a Hizbolá.
Por ello es importante retomar las palabras del propio primer ministro Ehud Olmert, como las presenta Blackmouth, que ha reconocido que Israel “nunca podrá transformar su poderío armado en seguridad estratégica… ‘la seguridad radica en alcanzar la paz con nuestros vecinos”.
Es por esto que es destacable la posición de los países de la región que, a pesar de verse afectados de manera directa, no han renunciado a la salida diplomática porque saben que es la vía más efectiva para mantener la precaria tregua.
Las diásporas y la solidaridad automática
Los profesores Edy Kauffan y Manuel Hassasian, en su conferencia dictada en Caracas en octubre de 2008, señalaban que las diásporas y los actores externos al conflicto, eran más radicales que la gente que vivía el conflicto.
Por una parte, la decisión del presidente Hugo Chávez de retirar al embajador de Israel en nuestro país sólo sirve para mantener caldeados los ánimos y no auxilia de manera real a las víctimas urgidas de ayuda humanitaria
Desafortunadamente también, algunas personas de la comunidad judía de Venezuela han aceptado las acciones del ejército israelí sin cuestionarlas, e incluso han justificado los bombardeos a hospitales y escuelas, sin detenerse a pensar que estas acciones ponen a las fuerzas israelíes al mismo nivel ético y moral de sus enemigos terroristas. Ésta es una postura radical que no ayuda a los israelíes que también sufren de la violencia que se retroalimenta. El derecho humanitario no admite excepciones, y debe ser cumplido unilateralmente también por Israel como miembro de la comunidad internacional.
Oláguer Chacón,
profesor de Comunicación Social Ucab
Claudia Sisco,
analista internaciona