Posted on 30 Julio, 2009 | No Comments
Griselmar Márquez
Con un atuendo casual pero muy coqueto, total-mente apropiado para su personalidad amable, maternal y paciente, nadie pensaría que esa señora de gafas oscuras es la primera egresada de la maestría en Teología Bíblica de la Ucab, quien tuvo la oportunidad de hacer la petición de grado ante las autoridades con un promedio de notas summa cum laude. “Yo no soy ninguna santurrona, ni pretendo serlo, simplemente soy un ser humano más a quien el Señor ha llamado a servirle”, afirma Gladys Rebeca Cabrera, quien prefiere ser llamada por su segundo nombre.
Rebeca Cabrera nunca imaginó que su vida encon-traría un lugar tan reconfortante en la Teología, especialmente en el estudio de la Biblia. Estudió bioanálisis en la Universidad Central de Venezuela (UCV), porque sentía que esa era su vocación. Culminó sus estudios en 1976 y hasta hoy ejerce como jefe de laboratorio en el Instituto Diagnóstico de San Bernardino. El contacto con la gente la fue sensibilizando y en distintas oportu-nidades debió llenarse de valor para decirles a los pacientes que eran portadores del virus de inmu-nodeficiencia humana (VIH).
El reto de afrontar la realidad
“No es fácil decirle a alguien que es seropositivo, aunque esa persona lo sospeche nunca está preparada para aceptar el resultado del examen de sangre”, comenta Cabrera, quien asegura haber sentido el llamado de Dios a través de esas personas a quienes creía que debía apoyar en una situación tan difícil. Además, su roce con el paciente se extiende, porque luego de dar el diagnóstico se efectúan otras pruebas al enfermo, a la familia y a la pareja, lo que significa una interacción más cercana con el individuo y su entorno. En estas condiciones Cabrera necesitaba otras herramientas que le permitieran ser más que una bioanalista, una compañera o una guía espiritual para esas personas.
Fue así como en 1994 obtuvo la especialización en Teología por la Ucab, el primer paso hacia las Escrituras y hacia una vida más espiritual, que le ha ayudado a reflexionar y comprender mejor las co-sas. “Los laicos y laicas de la Iglesia Católica somos mayores de edad en la sociedad, pero menores de edad en la fe”, comenta Rebeca, quien poco a poco fue haciendo cursos de extensión sobre esta especialización y en 2002 obtuvo el título como animadora de comunidades bíblicas, por la Universidad Católica Santa Rosa y la Sociedad Bíblica Católica Internacional (Sobicain).
Su trabajo especial se tituló Una relectura de Reyes 22,14. La profetisa Julda: entre el carisma y el poder, pues ha ido especializándose en la comprensión del texto sagrado a través del papel de la mujer en el mismo, como ella misma explica: “La Biblia nos fecunda desde lo femeni-no para dar respuestas creativas a los desafíos de nuestra época, como regalo gratuito de Dios, porque no se trata de saber lo que dijo e hizo Jesús o cómo fue la liberación de Egipto, sino descubrir lo que nos quiere decir hoy”.
Algunas etapas difíciles de su vida las ha podido llevar mejor gracias al acompañamiento de los textos bíblicos y a las experiencias que ha recogido en los distintos congresos sobre Teología en los que ha participado. Esta experiencia ha trascendido las fronteras y hoy por hoy, Cabrera ha visitado Panamá, Italia y Ecuador, entre otros, para com-partir pareceres y retroalimentarse de las propues-tas de sus colegas en el contexto mundial.
Actualmente esta profesional del bioanálisis se desempeña también como docente en la Fundación Sobicain, donde imparte las cátedras de Introducción a la Sagrada Escritura, Exégesis de textos bíblicos, Talleres de lectura popular de la Biblia y Pastoral de la salud con enfermos VIH positivos. También es docente en la facultad de Teología de la Ucab, en donde imparte Introdu-cción a la Sagrada Escritura.
La rutina de una especialista en Biblia
Con 30 años como bioanalista, Rebeca dedica sus mañanas al laboratorio del Instituto Diagnóstico durante toda la semana, pero los martes dicta clases en el Iter, mientras que los jueves y sábados le toca hacerlo en la Sobicain. Este horario le permite te-ner tres tardes libres a la semana, que aprovecha para ir al gimnasio o reunirse con sus grupos.
“Yo todavía mantengo contacto con mis amigas del preescolar y del colegio, de la universidad, de todos lados”, afirma Cabrera, quien considera que los lazos de amistad deben cosecharse y mantenerse en el tiempo, por lo que al menos una vez al mes se reúne con sus excompañeros más cercanos.
Aunque en su familia nunca tuvo influencia alguna que la orientara hacia lo que hace actualmente, ahora su hija menor, licenciada en Letras, se interesa por el estudio del libro sagrado. Las otras dos hijas de Rebeca ya son madres de dos niñas que son la adoración de su abuela.
Entre el ajetreo urbano, Cabrera aprovecha para predicar un poco la palabra con aquellos que se muestran renuentes ante las escrituras, pero asegura que no es un trabajo fácil, “muchas personas piensan que soy evangélica porque estudio la Biblia, pero lo que no entienden bien es por qué mi atuendo es diferente al de una evangélica, es ahí donde tengo que comenzar a explicar que soy una católica normal”.