Posted on 28 Febrero, 2011 | No Comments

Javier Camacho Miranda
El 25 de mayo del pasado año la casa de bolsa Econoinvest fue intervenida por el Estado, y el posterior avance del caso en tribunales estuvo plagado de ambigüedades jurídicas que oscurecieron el panorama con respecto al tema.
Más allá de cualquier repercusión bursátil, el espectro de lectores venezolanos temía por la desaparición de la Fundación para la Cultura Urbana, casa editorial que era financiada por la desaparecida casa de bolsa. Pero en menos de tres meses, luego de una exhaustiva recolección de más de 1.200 firmas provenientes de la intelectualidad venezolana, se creó la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, un ente cuya función principal es continuar con la gestión de actividades culturales que venía realizando la fundación.
“Ya no contamos con ningún mecenas en particular. El financiamiento ahora se consigue por los propios miembros de la sociedad de amigos y por el financiamiento parcial por parte de algunas empresas privadas”, comentó el escritor y librero Andrés Boersner, presidente ejecutivo de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, quien bajo este nuevo cargo suma otra vocación a una vida dedicada a la pasión por la lectura.
Para Boersner, estas organizaciones no pertenecen a una persona en particular, sino que son instituciones al servicio del colectivo: “La Fundación era financiada por Econoinvest, pero no pertenecía a este ente. Después de diez años en los que fueron editados más de 100 títulos, junto a la realización de decenas de conferencias, seminarios y conciertos musicales, no podíamos dejar perder ese aporte cultural a nuestro país”, completó.
Como Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, esta casa editorial ya ha publicado títulos como 7 ensayos, de Guillermo Morón, e Itinerarios de la ciudad en la poesía venezolana: una metáfora del cambio, de Arturo Gutiérrez Plaza.
“Por lo pronto seguiremos utilizando el mismo diseño en la edición de los libros, que propor-ciona comodidad a los investigadores que los consultan y un nivel de identificación caracterís-tico en el público que los sigue”, afirmó Boersner.
Explicó que una diferencia radical con respecto al funcionamiento anterior de la casa editorial será el número de ediciones anuales. Antes se editaban alrededor de 20 títulos por año, mientras que ahora se proyecta editar unos 5 títulos a lo largo de doce meses, puntualmente por razones de financiamiento.
Una visión en la edición literaria nacional
Con casi 30 años de trayectoria como librero, Andrés Boersner ha sido testigo directo de diferentes etapas en la producción de las casas editoriales nacionales. “Hasta hace año y medio aproximadamente hubo un crecimiento en las ediciones nacionales, provocado por el control de cambio que hizo que se frenaran las impor-taciones. Pero a raíz de la ola de expropia-ciones, las multas colosales y otras amenazas, el mercado se ha frenado a nivel general”, concluyó este librero, que lamenta además que institu-ciones públicas como Monte Ávila no se centren en aspectos que le competen, como la estimulación de la lectura a través de títulos de temática plural, a pesar de que el precio de sus actuales ediciones sea muy bajo.