Posted on 25 Febrero, 2010 | No Comments


Fabiana López Berra
Rafael Baquedano s.j.: un jesuita de avanzada
Al terminar el bachillerato, las organizaciones religiosas ofrecían los ideales de seguir el evangelio, de seguir a Jesús y las misiones. Escogí a los jesuitas porque desde niño tuve contacto con esa orden religiosa, y estudié en un colegio de jesuitas en mi ciudad natal, Pamplona. Además tenía un tío jesuita que fue profesor de teología toda su vida. Entrábamos a la orden en Loyola, en el país Vasco. Al año de estar allí el superior de esa provincia tenía como misión dos lugares: India y Venezuela. El superior nos destinó a Venezuela y yo acepté, tenía 18 años, era el año 1950. Terminé el noviciado en Los Chorros.
Lo que más me ha gustado de pertenecer a la Compañía de Jesús ha sido desarrollar una vocación hermosa en la que me he desarrollado humanamente e intelectualmente, de acuerdo con la filosofía de San Ignacio de Loyola, siempre teniendo como lemas principales “A mayor gloria de Dios todo lo que tú haces” y “Servir y amar”; a partir del servicio y en el amor a Dios y a los demás uno desarrolla esa vocación que en el fondo es el seguimiento de Jesús y el evangelio.
Al terminar el noviciado me fui a estudiar Filosofía y Letras en Colombia, en la Universidad Javeriana de Bogotá. Después de eso, me fui a Roma y estudié durante dos años Sociología. Al terminar la licenciatura me regresé a Venezuela y di clases en un colegio-internado en Mérida durante un año. Culminado ese año, comencé a estudiar Teología en Estados Unidos, en una facultad que dependía de Loyola University de Chicago, pero que estaba en la parte sur del estado de Indiana. Después me faltaba un último año de formación espiritual para el ordenamiento; yo lo estudié en Bélgica.
Volví a Venezuela, en el año 1967 comencé a dar clases en la Ucab. Yo fui de los fundadores del Centro Gumilla, también era profesor en la escuela de Ciencias Sociales. A finales del año 68 ó 69 me nombraron director de esa misma escuela. Era una época difícil, el presidente Caldera había cerrado la Universidad Central de Venezuela y muchos jóvenes comenzaron a poblar esta casa de estudios; adicionalmente la situación política internacional era fuerte, Fidel Castro estaba en todo su esplendor y el comunismo amenazaba con implantarse a grandes escalas; en el año 1972 las elecciones estudiantiles por primera vez las ganó un estudiante de la escuela de Ciencias Sociales, considerado izquierdista, y entonces la cosa explotó y nos botaron de la Universidad. Me botaron a mí, al padre José Ignacio Rey, al padre Ignacio Arrieta, al profesor Antonio Cova, entre otros. Hubo una huelga de hambre de los alumnos, la Universidad estuvo cerrada varios meses.
Después se levantó la huelga de hambre y llegaron a un acuerdo, del cual no me acuerdo, y a los profesores nos castigaron un año fuera de la Universidad. Pasado el año, volví a la Universidad y ya nunca más tuve un cargo en la dirección. Hace como cuatro o cinco años dejé las clases y hace como once años, cuando murió el padre Pinto Salinas, a mí me nombraron párroco de la Parroquia de la Universidad. Atiendo muchísimos matrimonios y bautizos, actividades de tipo apostólico.
Julio Velilla s.j.: asesor humano por vocación y profesión
Nací en España, en La Rioja, la tierra del buen vino y de la buena gente. Ingresé en Loyola el 3 de septiembre de 1949 y en enero de 1950 me enviaron a Venezuela, yo tenía 19 años. Aquí eran pocos novicios y allá éramos demasiados. Al llegar continué con el noviciado en el seminario de Los Chorros. Aquí me encontré con climas diferentes, características geográficas diferentes y una gente muy amable; y heme aquí, yo soy más venezolano que español.
Yo estudié Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana de Bogotá, en Colombia. Acabado eso, regresé a Venezuela para hacer lo que llamamos “el Magisterio” que es el trabajo con los estudiantes de bachillerato; yo estuve tres años en el colegio San Ignacio, una época muy hermosa, trabajando con los jóvenes, yendo de excursión. Culminados esos tres años, estudié cuatro años de Teología en Estados Unidos, en Loyola University en Chicago. Ahí comencé a estudiar Psicología paralelamente. Nos ordenamos a los tres años de estar allá. Después trabajé un año de espiritualidad, eso fue lo único que hice yo en España, en Salamanca. Después de eso, volví a Chicago a seguir estudiando Psicología. Cuando saqué el título, regresé. Volví directamente a la Universidad, en el año 1966, y desde entonces estoy aquí.
Empecé a dar clases de psicología, específicamente una materia que se llama Psicología de la personalidad, después di Asesoramiento psicológico. Comencé a pensar en abrir algo como lo que ahora es el Centro de Asesoramiento y Desarrollo Humano (CADH), que en sus inicios se llamó Centro de Orientación Psicológica. También fui vicerrector académico y director de la escuela de Psicología. Después de que había decidido que lo de dirigir no me gustaba, pues me llamaron del CADH y me pidieron que volviera a la dirección porque necesitaban al fundador. Tengo como tres o cuatros años de director en esta última etapa. Además atiendo a pacientes y a personas que tienen problemas de tipo religioso, espiritual y de convivencia.