Posted on 30 Noviembre, 2009 | No Comments
Una pequeña charla tuvo lugar en la Sala Simón Planas el miércoles 23 de abril. El tema: Análisis del discurso del Presidente de la República. La excusa: Conmemorar el día del idioma (más que el día del libro), la muerte de Cervantes (ocurrida ese día en 1616) y la de Aquiles Nazoa (cuya muerte fue la semana del idioma de 1976).
Así, el Profesor Germán Flores Hernández de la escuela de Letras inició su ponencia, dedicándola a Aquiles Nazoa, uno de los más grandes escritores venezolanos del siglo XX.
Luego del inicio hubo dos quejas. La primera, el hecho de que la mayoría de los diarios de circulación nacional se concentraron en la celebración del día del libro y no mencionaran que también era el día del idioma. La segunda, el descuido y la poca atención que se le otorga a la lengua hasta por quienes la tienen como su principal instrumento: abogados, educadores y comunicadores sociales.
El Ucabista cede su espacio, buscando establecer, desde sus posibilidades, un compromiso en defensa del correcto uso del idioma. En un país fragmentado y en el que todo cambia vertiginosamente, no puede permitirse el juego con el elemento que lo identifica y unifica. Su mal uso puede llegar a la violación del artículo 9 de la Constitución; el Presidente es uno de los que se encarga de violarlo en sus discursos e intervenciones públicas.
Lecciones académicas
La lengua es un hecho social y, como tal, es general dentro de la comunidad y condiciona a sus hablantes. Las “lexías presidenciales” no producen un significado de carácter individual, porque nos han enseñado lo que realmente significan. No hay que ser lingüista para darse cuenta del uso indiscriminado, por parte del mandatario nacional, de aquellas lexías consideradas socialmente obscenas.
“Pendejo”, “mierda”, “carajo”, entre otras lexías, no son aceptables en un mandatario, sin importar el tono, la intención o la circunstancia en la que sean dichas. Entiéndase que “pendejo” no es un adjetivo para calificar al Secretario General de la OEA. “Mierda” no califica una merecida victoria y “carajo” no es una interjección que pueda usarse en un discurso. ¿O es que el Presidente, tiene como lema la expresión enunciada por Lope de Vega (pero en un contexto y con significación distinta): “el vulgo es necio, y como necio es justo // hablarle en necio para darle gusto?”
Los discursos del Presidente resaltan, además, por ser objetables. Hablar, por ejemplo de una Fuerza Armada Bolivariana y no de la Fuerza Armada Nacional tiene, por el abuso de la lexía bolivariana en lugar de nacional, implicaciones geopolíticas peligrosísimas: una Fuerza Armada Bolivariana, como se le quiere llamar (inconstitucionalmente porque fue rechazada la propuesta en el pasado diciembre, valga la acotación), supondría que puede interaccionar en los otros países llamados bolivarianos: Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia lo que, como es de suponerse, podría acarrear serios problemas diplomáticos.
Así mismo, “Patria, Socialismo o Muerte” no es lo mismo que “Patria y Socialismo o Muerte”. La primera lexía es para elegir sólo una de las tres posibilidades. La segunda, representa la idea no objetable que nunca se ha logrado expresar correctamente.
Otro rasgo de los discursos presidenciales es el uso de la lengua como entrada para la posesión, es decir, nombrar o cambiar el nombre de las cosas para poseerlas. Todos los nombres han sido cambiados: la lexía entera o con añadidos como “nuevo”, “nueva”, “bolivariana”, entre otras. Desde el país (República Bolivariana de Venezuela), pasando por Ministerios e Institutos autónomos. De “Señor Presidente” se cambió a un “Comandante en Jefe” o “Mi Comandante” (dependiendo de la petición que le siga). De una PDVSA, se pasó a una “Nueva PDVSA”. De un Ministerio a un “Ministerio para el poder popular de…”… Y nuevamente lo objetable, ¿quién encarna el poder popular? Si el Señor Presidente es el pueblo, ¿es él el poder popular?…
Los ejemplos, se tornan graves. Para la fecha de esta charla, se trajo a colación la reciente crítica a la decisión tomada por el Banco Central de Venezuela, relacionada con las compras por Internet:
“¡(…) Aquí manda el pueblo, carajo (…) Que nunca más vuelva a ocurrir eso (…) Cualquier decisión debe ser consultada conmigo, porque aún cuando el BCV sea autónomo (…) Yo soy el Jefe de Estado y jefe es jefe!”
Revisemos: Empieza hablando de un tercero (el pueblo) y termina hablando de un yo. Entonces, ¿quién es el pueblo? ¿Quién es el que manda? ¿Hasta dónde llega la autonomía del BCV?… Una vez más, todo lo posee y todo es objetable.
Diez años de gobierno dan para más y tantas equivocaciones, tienen su reconocimiento. El Presidente reconoce ser malo. En conme-moración del 13 de abril, sostuvo en su discurso:
“(…) Que Dios lo tenga en su gloria [al Cardenal Velasco] aunque yo [Hugo Chávez] creo que me lo voy a conseguir en el infierno (…)”.
En correcto y diáfano Castellano, esto quiere decir:
1. El Presidente se confiesa católico y cree en la existencia del infierno.
2. El Presidente desea que el cardenal Velasco esté en el cielo.
3. El Presidente cree, sin embargo, que el cardenal está en el infierno.
4. El Presidente está seguro de que él (Chávez) va para el infierno.
5. Como según la teología católica, al infierno sólo van los malos… El Presidente se confiesa malo.
¿Y ahora? A “rezar” a San Judas Tadeo, como sugirió el SENIAT en el Últimas Noticias del domingo 28 de octubre de 2007:
“Concédenos Señor, por medio de tu santo apóstol San Judas Tadeo, la gracia de dedicar nuestra vida, nuestras cualidades y nuestros esfuerzos a fortalecer la democracia participativa y protagónica de la que hoy gozamos y de esta manera consolidar el Gran Socialismo Revolucionario del Siglo XXI, convirtiéndonos en ejemplo para el mundo”.
(Notar que: San Judas Tadeo es “uno de los apóstoles a los que más devoción le profesa el revolucionario y bolivariano pueblo de Venezuela”. Así lo sostiene el mencionado anuncio, pero también sostiene que “es el patrono especial de los casos desesperados, difíciles e imposibles”).
Entre “victoria” y “mierda”, me quedo con la victoria, entre “Patria, Socialismo o Muerte”, naturalmente elijo Patria y, antes que un “Comandante en Jefe” prefiero a un Presidente, que deje de poner en vergüenza a este “lejano suburbio de la lengua castellana”.
Kaoru Yonekura
5to año de Letras