Posted on 02 Febrero, 2009 | No Comments
Ya la había vencido una vez. A la afección renal. Ya la había vencido, por allá en el 83. Pero nuevamente lo obligó a recluirse en una clínica. Sí. Gustavo Aguirre -el gruñón, el ogro, el duro, el inflexible- está en la sala de emergencias por culpa de su riñón. De su “maldito riñón”. En vez de estar en el Instituto de Previsión Social del Periodista (IPSP), sentado en su sempiterno escritorio, cigarro en mano, revisando papeles, dando instrucciones a su secretaria Olga -la incondicional Olga-, y regañando a cualquiera que se le cruce en su camino; está encerrado en la clínica Santa Sofía. Pero algo con-tinúa igual: conserva su caparazón, ese que le permite proyectar la imagen de duro, de gran carajo, de regañón, de “lengua de bronce”. Lengua asesina, cortante, sibilina, bisturística.
Pocos lo saben, pero lleva dos meses en un tratamiento especial por esto de los riñones. El viernes próximo cumplirá 65 años, de los cuales ha dedicado veinte a gestionar créditos para la gente del gre-mio. Ahora está tendido en una camilla.
-¿Qué hay de Pablo el malo en Gustavo Aguirre?
-[Risas] Es curioso que conozcas ese episodio. Seguro Eleazar Díaz Rangel te lo contó. En 1964, cuando él estaba preso en el Cuartel San Carlos y yo era jefe de Deportes de La Esfera, le permití que escribiera una columna en la sección bajo el seudónimo de Pedro Pablo. Esa columna ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en el 65. Yo mismo fui a recibir el galardón de manos del general Alfredo Monch, que ignoraba quién era el verdadero autor laureado. Lo cierto es que años después, Díaz Rangel publicó la columna “La parabólica de papel”, en El Mundo, utilizando el mismo seudónimo. Muchos creyeron que era algo que hacíamos entre los dos y una dirigente deportiva me riñó en una oportunidad por una nota que creyó había escrito yo. Ella pensaba que Díaz Rangel era “Pedro el bueno” y yo “Pablo el malo”. Lo cierto es que Pedro Pablo fue un verdadero cronista del deporte.
La misma escena se repite cada día en el IPSP: ingresa un colega en la oficina de Aguirre con la solicitud de algún préstamo, la mayoría de las veces justificado con una mentira. Se escucha un regaño en el que sólo se distinguen las palabras “maula” y “bufo”. El sujeto en cuestión el regañado sale cabizbajo de la oficina, con la certeza de que no recibirá su dinero. Entonces Aguirre le ordena a Olga que le arregle todo al “tipo ese” para darle su plata rápido. En cuestión de días, -el regañado- regresa a la misma oficina agradecido. Aguirre, todavía con su cara de gruñón, sólo le dice: “Lo que tienes que hacer es pagar religiosamente todos los meses. Toda la vida has sido un maula. Yo no sé cómo te prestaron esos reales. En este instituto lo que hay es un montón de directores gafos”.
- Jesús Cova dice que usted es pura fachada. ¿Qué hay de cierto en eso?
-[Risas] Ese bufo, vale. Entre él y Felipe “Barranco” Regalado me tienen arruinado, coño. Los llamo casi todos los miércoles y viernes, y a veces los domingos, para ver “qué hay porai”, qué datos me dan para los caballos, y siempre pierdo. Ya perdí el dinero de las ventanas de la casa de Margarita y voy a perder el de las puertas también. Esos datos de ellos no sirven pa’un carajo. Ese Jesús es un tobogán, así le digo yo a él.
-Pero no ha contestado mi pregunta. Jesús Cova dijo de usted: “No soy el único que se ha dado cuenta de que proyecta una imagen de ogro, cuando todos sabemos cómo es él: un hombre generoso, noble, vertical, de una solidaridad única, y muy infrecuente en el gremio nuestro”.
-¿Cuál era la pregunta? Tú no estás haciendo esta vaina bien.
-Usted tiene un poco de Sucre, de Margarita y de Caracas. ¿Cuál es su sitio preferido?
-Nací en Irapa, estado Sucre, pero me crié en Margarita, que adopté como mi patria chica. Por eso muchos piensan que soy nativo de Nueva Esparta. Allí en la isla pasé gran parte de mi infancia y juventud hasta que, como se estilaba en la época, allá por la década de los 40, quien aspiraba a cristalizar sus proyectos necesariamente tenía que venirse a Caracas.
Al llegar a Caracas se hizo periodista y, simultáneamente, asumió actividades gremiales. Le preocupaba el desvalido aspecto social del oficio. Se ha convertido en el motor del IPSP: es su criatura. Ayudó a enrumbarlo y a convertirlo en el ente que hoy en día es.
-Muchos lo vinculan con su faceta sindicalista pero antes de eso fue periodista deportivo. ¿Qué significa el deporte para usted?
-Cuando llegué a Caracas jugaba muchísimo fútbol en el liceo. Después, cuando ingresé en el periodismo, me tocaba cubrir fútbol, pero también béisbol y todas las disciplinas. A mí el deporte me fascina. Ahora tengo en la imprenta mi libro: 50 años del deporte venezolano, una cronología de los más importantes hechos, desde la fundación del Círculo de Periodistas Deportivos
Esta entrevista pudo haber culminado, si fuera posible viajar en el tiempo, a las 12:00 pm del lunes 6 de junio de 1994. Cuando la periodista abandonaba la habitación de Gustavo Aguirre, se tropezó con Jesús Sanoja Hernández, quien se convertiría en el último colega en conversar con él, pues aproximadamente a las 2:00 pm de esa tarde falleció Gustavo Aguirre. El amigo. El maestro. El colega. Aguirre sufrió un paro cardíaco cuando era sometido a un proceso de diálisis en la clínica Santa Sofía.
Andreína Itriago A