Posted on 18 Mayo, 2010 | No Comments
María Gabriela Fernández B.
Fabiana López Berra
La crisis eléctrica que en la actualidad se está presentando en el territorio nacional poco tiene que ver con los fenómenos ambientales que por temporadas azotan el atlántico. Más bien es un problema de mala administración y pésimas políticas de generación y distribución del suministro eléctrico que durante décadas han mermado la eficacia de este servicio. Para un país petrolero, que ha tenido ingresos descomunales durante los últimos 40 años, esto es imperdonable. Asimismo la falta de actualización tecnológica y legislativa ha imposibilitado que haya adelantos en materia de generación eléctrica. El hecho de que las compañías eléctricas sean regentadas por el Estado no ha ayudado a que haya adelantos considerables, ya que los bajos precios en los que la energía se ofrece al consumidor no bastan para cubrir los costos de producción, que además ni siquiera son subsidiados.
Déficit hidroeléctrico
El ingeniero Henry Gasparín, director del Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería (Cidi) de la Ucab afirma que lo que ha originado la actual crisis eléctrica es la falta de inversión en el área de generación eléctrica, aunque reconoce que en materia de distribución sí se ha hecho inversión.
Asimismo el profesor de la escuela de Ingeniería Eléctrica de la UCV, Alexis Rivero, asegura que el problema actual no sólo está relacionado con el ciclo estacional hidroeléctrico o con las fallas y el desgaste existente en los centros de producción, sino que se trata también de un problema de potencia, pues desde el año 2009 se está trabajando por encima del límite seguro de exportación energética en Edelca. Todo esto resulta peligroso para el día a día de la planta, acelera el desgaste y la expone a situaciones de colapso.
Termoeléctrica como opción
En Venezuela, dependemos de la producción de las represas del Guri, Caruachi y Macagua. Gasparín asevera que “nosotros no deberíamos depender de si llueve o no llueve en Guri, o de si el Caroní trae agua o no trae agua. Como país petrolero deberíamos estar implantando un sistema termoeléctrico, que lo que haría es quemar algún derivado del petróleo para generar electricidad”.
En un intento de modernización, se instalaron en el país algunas plantas termoeléctricas que fueron inauguradas en la década de los setenta. Sin embargo, éstas han experimentado innumerables contratiempos operacionales por falta de mantenimiento en los últimos años. Tal es el caso de Planta Centro, ubicada en Morón, que en su momento fue considerada la mayor termoeléctrica del país con 2.000 MW instalados. En la actualidad sólo tres de sus cinco plantas funcionan a duras penas, ya que fueron convertidas al uso de gas tras repetidos tropiezos.
Gasto diario alarmante
El profesor Rivero asegura que cada día se presenta una reducción de doce centímetros en el nivel de la represa del Guri y que, de continuar esta tendencia, se debe frenar la producción de la planta en abril. Además, cifras publicadas por la Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (Opsis) revelan que la tendencia de disminución de los niveles es semejante a la observada en los años 2001-2003 y, considerando que aquella vez casi se llegó al punto mínimo requerido para la producción (240 metros), es necesario tomar medidas urgentes de racionamiento y control.
De urgencia para el Estado
· Invertir en el alquiler de plantas termoeléctricas marítimas extranjeras para la generación de energía en las costas venezolanas.
· Sincerar las tarifas eléctricas para el pago de los consumidores, considerando el sacie de los costos y la necesaria obtención de ganancias.
· Poner a punto las plantas termoeléctricas Tacoma y Planta Centro, con el fin de obtener energía de los derivados del petróleo.
· Promover la privatización del sector eléctrico con el fin de que a partir del capital privado se hagan inversiones en el área de producción.
De urgencia para el ciudadano
· Recargar los celulares y demás aparatos electrónicos en el carro.
· Desconectar los cargadores eléctricos cuando no se estén utilizando.
· Apagar las luces mientras no se utilicen.
· Lavar una vez a la semana y reducir el uso de la secadora.
· Sustituir los bombillos de luz amarilla por focos de luz blanca (los llamados “bombillos ahorradores”).